Alejandro Ibarra

Trastornos de Ansiedad: Pánico con y sin Agorafobia

¿Por qué sentimos ansiedad?

La ansiedad es una sensación desagradable, que desde luego a ninguna persona le agrada sentir.

La ansiedad es una sensación de temor, intranquilidad e inquietud ante una situación que se aproxima y que al mismo tiempo no tenemos muy claro a qué se debe o cual es la razón exacta que provoca nuestro estado de malestar.

¿La ansiedad es peligrosa?

Lo primero que debes saber es que la ansiedad no es peligrosa. La ansiedad es una respuesta adaptativa donde el objetivo es controlarla, reducirla hasta que remita o aprendas a gestionarla

¿Qué es un ataque de pánico (sin agorafobia)?

Es la aparición repentina de una gran cantidad de ansiedad. Genera mucho miedo y en ese momento puedes pensar que te va a ocurrir alguna desgracia: morirte, perder el control, un ataque al corazón, o volverte loco, por ejemplo.  Junto a ello, suele acompañarle una amplia variedad de sensaciones físicas muy desagradables: taquicardia, dolor en el pecho, mareo, sudoración, hormigueo, sensación de irrealidad, visión borrosa, temblores, sensación de ahogo… Cuando esto pasa, lo habitual es buscar algo que te calme o que pueda hacer que desaparezca.

Es importante que sepas que es muy común padecer en algún momento de la vida y que te ocurra de manera aislada no es un problema. Pero si a partir de ahí, notas que te empieza a paralizar para realizar tu vida diaria, sientes mucho miedo a que vuelva a aparecer y aumenta la frecuencia en la que se repiten los ataques de pánico, en este caso muy probablemente estemos ante un trastorno psicológico.

¿Qué es la agorafobia?

Es un miedo intenso e irracional ante situaciones que en si mismas no son peligrosas, pero para el individuo que lo presenta puede provocar un malestar intenso y la necesidad de huir, escapar, o evitar enfrentarse a lo que se teme.

En el caso de la Agorafobia el miedo se ha extendido a lugares abiertos o públicos como: una plaza, o la calle, supermercados autovías, autopista, bares sitios públicos centros comerciales, estadios deportivos.

Las personas que sufren Agorafobia evitan estos lugares: algunas no salen de su casa o sólo lo hacen en compañía de alguien de confianza (conducta de seguridad).

En caso de enfrentarse a estos lugares o situaciones aparece una gran variedad de síntomas: miedo intenso, falta de aire, aumento de frecuencia cardíaca, parestesias, dolores musculares, mareos o náuseas, etc.

Los ataques de pánico aparecen cuando se activa la “respuesta de alerta”. Nuestra mente va a activar el circuito del miedo como mecanismo para ponernos a salvo en una situación que pone en peligro nuestra supervivencia, mediante el estado de lucha/huida (enfrentarte al peligro o bien tratar de escapar de él, buscar ayuda…) preparándonos de este modo bien para la defensa o para el ataque.

Las sensaciones que percibes pueden ser generadas bien por situaciones del exterior (por ejemplo, sentir mareo al hacer la cola en el supermercado) o bien por notar una sensación fisiológica interna (latidos del corazón). SI al percibirlas, piensas que va a pasarte algo horrible, automáticamente esta interpretación catastrófica (“me va a dar un infarto” o “me voy a desmayar”) provocará que aumente la respuesta física, te pongas ms nervioso y que crezcan las sensaciones. Es decir, al pensar que estás en peligro (creer que te estás muriendo de un infarto) los pensamientos catastróficos activan tu sistema de alarma que dispara las sensaciones de ansiedad (taquicardia, mareos, sudoración…)

Al aumentar estas sensaciones, probablemente lo interpretes como una confirmación de que efectivamente algo no va bien, aumentando aún más la respuesta de ansiedad y las sensaciones derivadas de ella. De este modo, el sistema de alerta se activa con mayor fuerza y así, a modo de círculo vicioso, desencadena el ataque de pánico

Para poder romper este círculo vicioso que mantiene tu pánico, es fundamental que aprendas a afrontar las sensaciones temidas hasta que compruebes que no hay peligro y que no va a ocurrir lo que temes. El siguiente paso va a consistir en la terapia de exposición, es decir, afrontar las sensaciones que evitas hasta que compruebes que no son peligrosas.

Cuando te expones, lo que te va a suceder es que la ansiedad va a subir hasta un determinado punto, se va a mantener estable, y luego irá bajando progresivamente. Al ir repitiendo este proceso, si vas afrontando e insistiendo, irás comprobando cómo la ansiedad va a ser menor hasta que llegue un momento en que no te provocará ningún tipo de malestar.

Quizás pueda parecer muy duro, y ciertamente no es una tarea fácil al inicio. Por ello, la técnica de la exposición comienza en consulta. Empezamos con la exposición en imaginación (a las sensaciones corporales que temes) e irás practicando poco a poco, hasta que vas adquiriendo más confianza y comienzas a practicar en casa.

La exposición consiste básicamente en presentar al paciente aquellos estímulos o situaciones que teme (pese a ser inofensivos) de una manera controlada y prolongada, hasta que el temor a dichos estímulos o situaciones disminuya de forma significativa o bien desaparezca.

En la agorafobia (con trastorno de pánico) lo que teme el paciente es encontrarse en determinadas situaciones ambientales (lugares públicos o con multitudes, viajar lejos de casa o solo, etc.) donde escapar o recibir ayuda puede resultar difícil o embarazoso en el caso de volver a experimentar otra crisis de ansiedad o las sensaciones corporales que él cree que la preceden.

En la agorafobia sin trastorno de pánico, el paciente, pese a no haber experimentado nunca una crisis de ansiedad teme también encontrarse en determinadas situaciones ambientales donde escapar o recibir ayuda puede resultar difícil o embarazoso. En este caso, bajo el temor a estos lugares o situaciones, puede subyacer un temor a experimentar diversos síntomas de ansiedad o sensaciones corporales desagradables o embarazosas (ej. ganas de vomitar, orinar o defecar), aunque nunca se haya tenido una crisis de ansiedad propiamente dicha.

En cualquier caso, tanto en un trastorno como en el otro, el paciente tiene miedo a determinados lugares o situaciones y tiende a enfrentarse a su temor evitando los mismos o desarrollando diversas estrategias para aumentar su percepción de seguridad (ir acompañado, asegurarse lugares de escape o de ayuda potenciales, distraerse, llevar tranquilizantes, etc.).

Para superar tu pánico, quiero que comprendas que el objetivo fundamental es enfrenarte a él. Cualquier cosa que hagas para evitar sentir aquello que temes, bien sea bloqueando un ataque de pánico o las sensaciones desagradables, terminará convirtiéndose en una conducta de seguridad, es decir, te ayudará a sentirte bien a corto plazo, ya que te aliviará, pero no conseguirás enfrentarte a tu temor, y por tanto resolver el problema. Las herramientas de relajación van a ser complementos a la terapia que te ayudarán a afrontar, como una manera para gestionar la ansiedad y que puedas sentirla.

Existen diversos tipos de relajación. Uno de los más eficaces es la relajación muscular progresiva, que se lleva a cabo tensando grupos musculares y relajándolos después, focalizando tu atención en las sensaciones internas de tensión y relajación. El entrenamiento se va planificando en varias etapas, hasta que al final consigues relajarte con más facilidad.

¿Cómo puedo ayudarte?

¿Estás preparad@ para tomarte en serio el tratamiento de la ansiedad? Si te has visto reflejado y crees que necesitas ayuda para no seguir pasando por esta situación tan desagradable, limitando tu funcionalidad, autonomía y calidad de vida, puedes ponerte en contacto con nuestro equipo, una gran mayoría de los pacientes que completan el tratamiento con nosotros encuentran una mejora significativa, tanto si eres nuevo en el mundo del tratamiento como si estás totalmente iniciado podemos trabajar juntos para tu recuperación.

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