Alejandro Ibarra

Testimonio de recuperado con TOC del Amor o Relacional.

Testimonio de recuperado con TOC del Amor o Relacional.

Superar el TOC es posible!! Testimonio TOC. Werner.

Hola a todos, mi nombre es Werner y padezco Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC), en una de sus variantes menos conocidas: Trastorno Obsesivo Puro, es decir, con ausencia de compulsiones físicas, aunque sí existan las mentales. Hemos podido ver en cine, famosas películas como “Mejor Imposible de un Jack Nicholson que evita pisar las líneas de las baldosas, o da un número determinado de vueltas a la cerradura de su casa. En estos filmes no se refleja el sufrimiento que el TOC puede producir. Ni de lejos; es más, algunas pueden ridiculizar y parodiar la realidad del trastorno, haciendo un flaco favor a su reconocimiento social, y al afectado que busca comprensión y ayuda.

En concreto, mi TOC es relacional, basado en la idealización extrema de la belleza de mi pareja femenina, aquélla con la que mantenga relación en ese momento concreto. Esto a priori, puede parecer bonito, normal o fácilmente tolerable, pero cuando se convierte en un vía crucis constante, repetitivo y se comporta como un activo parásito mental que dirige a sus anchas toda tu existencia y tus acciones, deja de ser agradable y se convierte en una verdadera tortura psicológica y física. Es más fácil poner ejemplos, que clarifican en qué consiste mi caso particular. Por ejemplo, salir a la calle con ella y sentir que todo el mundo está pendiente de su extrema belleza, que ella brilla con luz propia y que todos quisieran entablar relación con ella; sin que ocurra nada externo que justifique ninguno de estos pensamientos. Otro ejemplo: en la más pura intimidad, te imaginas a otro en tu lugar, en ocasiones con una escenografía mental muy elaborada, porque ella es la más deseada en tu mente. Básicamente es un desgaste personal incesante.  Como decía, la compulsión es mental: la compruebas una y otra vez, para ver si está más o menos guapa. Si está más guapa sufres y si no, te alivias (unos minutos). Lo he podido hacer hasta doscientas veces, viéndola más guapa a ratos, a otros menos. En el mismo día. Qué absurdo, ¿verdad?.

Imaginemos que esto es constante, que no te permite darte un solo respiro, se repite una y otra vez, de forma extenuante. Esta idea adopta mil caras, pero siempre es la misma, es como la perfecta simuladora. En mi caso, todavía es más complicado, dada la semejanza que pueda tener con los celos que todos conocemos. En cambio, no me importa que mi pareja quede con hombres, que tenga su independencia, tampoco necesito vigilar, ni chequear sus redes sociales, nada de los comportamientos habituales de los celos comunes. Mi pensamiento me acompaña en el trabajo, en la ducha, con mis amigos, con mi familia, sin mi pareja, sin importar si ella está dormida o con todas sus amigas: el contexto no existe. Esa idea obsesiva es repetitiva, concebida por uno mismo como absurda, cualquier intento de rechazar la idea es en vano, con lo que la obsesión es una tortura hasta el paroxismo. Obviamente, con tales niveles de ansiedad, ira, frustración, tristeza, tu funcionalidad laboral, social, personal, laboral y sexual, queda muy mermada.

He estado 15 años sufriendo las consecuencias de estos pensamientos. Empezó con mi primera pareja, y religiosamente ha seguido el mismo esquema con cada una de todas las siguientes. En un principio busqué ayuda, aproximadamente a los dos años de darme cuenta de que lo que me sucedía no era normal. Fue mi primer psicólogo. Tras varias sesiones en las que prácticamente me hacía sentir culpable, decidí dejarlo. En la siguiente ocasión recibí asistencia psiquiátrica, con fármacos algo antiguos, efectivos, pero cuyos efectos secundarios eran insufribles. Me cambiaron el fármaco, por uno más moderno, que sí me hizo respirar y me permitía vivir. Cuando sentí que era capaz, dejé el fármaco, con el ineludible retorno de las viejas obsesiones. Decidí ir a un segundo, y a un tercer psicólogo, con resultados nulos. De todos ellos, tan solo el psiquiatra diagnosticó el TOC, el resto partió de un diagnóstico erróneo, con el inevitable fracaso terapéutico. Conocí a un segundo psiquiatra durante mi carrera, que estaba de acuerdo con el diagnóstico de TOC, esta vez con la etiqueta de “puro” o sin compulsiones físicas. Me recetó una medicación, y la tomé sin duda, obteniendo buena funcionalidad global, llegando al punto de no sentir la necesidad de seguir medicándome, porque el trastorno se enturbia y desdibuja químicamente. Así que lo dejé, esta vez sin síntomas, pero muy importante: ya no tenía pareja. Meses después, entablé una nueva relación, y de nuevo reapareció todo, esta vez con una intensidad apabullante, por lo que reinicié el tratamiento. Esta vez fue un atropello psicológico, con extrema ansiedad, incapacidad de funcionar a nivel global, completo abandono de todas mis aficiones y tendencia al aislamiento. Realmente me sentía y estaba en una cárcel mental. Dado que la medicación servía, pero no erradicaba el problema, busqué cómo podía atacar al núcleo del problema, y no solo difuminarlo con pastillas, y encontré un grupo de expertos en el tratamiento del TOC y el nombre de una terapia: EPR (exposición con prevención de respuesta). Decidí dar la oportunidad nuevamente a la Psicología, a pesar de los fracasos previos, pero no veía opción. En mi primera consulta no hubo duda del diagnóstico, y se estableció un plan terapéutico. Estas sesiones jamás fueron fáciles, ya que te hacían revivir el problema. En cambio, la exposición a esas obsesiones, se cuida, siendo gradual y progresiva, permitiendo superar las menos ansiógenas al inicio, para posteriormente enfrentarte a las obsesiones más arrolladoras. En dos sesiones no obtuve alivio, con lo que pensé que la respuesta no era en absoluto inmediata. Pasaron los meses (no muchos), cuando sin haberme percatado, mi funcionalidad era mayor, mis sentimientos de ira, tristeza y ansiedad habían bajado unos cuantos enteros, y fue cuando dije “estoy mejorando. Pasaron las sesiones, y cada vez me sentía menos sintomático, más funcional, y con una mayor certeza de que el TOC había sido reducido a niveles compatibles con una vida. Fíjate qué poco se llega a pedir cuando estás desesperado: vivir sin más. Empecé la fase en que pasaba días sin acordarme de él, incluso mi pareja me decía frases tan significativas como: “se me había olvidado que tenías TOC”. Finalmente, llega el día que puedes ser dado de alta, porque has sido dotado de todo el arsenal terapéutico y conoces todos los engranajes de tu pensamiento, has entendido qué te ocurre y cómo enfrentarte a ello con muchas garantías de éxito. Para mí era inconcebible asistir a una boda con más de trescientas personas sin fracasar en el intento. Pues lo hice, y todo reclamo de atención de mis obsesiones fue aplacado con esas armas de las que hablaba. Sobra decir que el proceso es duro, te enfrentas a tus miedos, sufres ansiedad y dolor en cada una de esas exposiciones, pero con eso consigues reducir la fuerza de la obsesión, hasta que ese parásito se debilita, ya que no recibe tu atención. Su fuente de alimentación era tu ansiedad.  Siempre pueden quedar resquicios, las obsesiones pueden intentar reaparecer en situaciones difíciles que te predispongan a estar más alerta; pero las armas y las pautas las tienes en tus manos.

Quince años con TOC son muchísimos. Imaginemos alguien sin diagnóstico, perdido e incluso avergonzado, porque las ideas pueden ser realmente absurdas. O aquél que busca ayuda y se choca con el fracaso, cayendo en la desesperanza. Hay muchas más personas de las que creemos que tienen TOC, en cualquiera de sus variantes, y muchas, como yo, con un largo tiempo de evolución. La buena noticia, es que existen profesionales especialistas en el tratamiento de uno de los retos más grandes de la mente: el TOC.  Ese pequeño gran paso que di hace un año y pocos meses, suplicando ayuda por teléfono, fue el primero de ellos hacia esta meta y sueño, que es vivir feliz sin TOC. A todos los que se sientan solos o incomprendidos: no lo estáis, y la cura es posible. Mis eternos millones de agradecimientos a quienes hicieron todo esto posible, y en especial a quien me llevó de la mano durante todo mi camino. Ella lo sabe.

Werner

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