Testimonio afectada recuperada de TOC Puro vía online

TOC Puro Psicólogo Alejandro Ibarra
TOC Puro Psicólogo Alejandro Ibarra

Han pasado muchísimos años desde que mi experiencia con el TOC empezó; en concreto, siete. Todo empezó con un pensamiento que me vino a los 17 años: si me importan tanto mis amigas, es que estaré enamorada de ellas? Recuerdo el shock de ese momento como si lo pudiera sentir ahora, con 24 años.

Las compulsiones empezaron al instante. Yo, que siempre he sido una persona muy cariñosa, dejé de abrazar y tocar a mis amigas. Empezaron los rituales de comprobación: acercarme a ellas para ver si sentía algún tipo de deseo, analizar situaciones pasadas en las que hubiera estado en contacto con ellas para ver como me sentí en ese momento… También los sentimientos de culpa: cómo puede ser que esté sufriendo por si soy lesbiana si tengo un montón de amigos homosexuales, es que seré homófoba?

El sentimiento de culpa era tan y tan grande que solo podía pensar en el TOC, y era imposible parar. Además, como nunca se lo conté a nadie por vergüenza, las cosas empeoraron: mi TOC derivó a TOC de daño en todas sus manifestaciones posibles. Recuerdo el 2014 como el año más doloroso de mi vida, donde dormir era la única vía posible de escape del monstruo que gobernaba mi vida.

La única solución que vi en ese momento era empezar a salir con un chico. Y así lo hice. Estuve un año y medio con mi primera pareja y durante todo ese tiempo se me olvidaron mis problemas con el TOC. La ruptura con este chico fue tan dolorosa para mí que enseguida empecé con otro chico. Y así, durante 5 años de mi vida, fui enlazando relación tras relación, todas destinadas al fracaso, y no me di cuenta del por qué de ello hasta que empecé mis sesiones de terapia.

Todos estos chicos y los sentimientos que me aportaron, tanto buenos como malos, eran una especie de tirita que tapaba mi herida más profunda, mi TOC puro. Llegó un punto que incluso sufrir por ellos me hacía sentir normal. Pensaba, “mejor sufrir y llorar por ellos que por mis obsesiones, prefiero no existir a sentirme como un monstruo”.

Al fin, cuando nos confinaron por la pandemia, corté con mi última pareja. La pandemia fue el detonante que me volvió al TOC. Tanto tiempo sola sin hacer nada, sufriendo un duelo, no solo por mi última ruptura, sino por todas las que había tenido que no habían funcionado, hizo que volviera a obsesionarme con mi sexualidad. No tengo casi recuerdos de los tres meses de confinamiento, solo sé que nunca había estado tan triste y deprimida.

Empecé a buscar información y me di cuenta de que actualmente hay muchísima información relacionada con el TOC, y me sentí aliviada al leer y ver tantos testimonios de psicólogos y afectados que hablaban de lo que me pasaba a mi. Sin embargo, en el fondo mi cabeza me auto convencía de que no era TOC, otro de los síntomas más comunes de los que sufrimos este trastorno.

Empecé a ir a terapia para superar todos mis duelos por rupturas, y le comenté a mi primer psicólogo mis problemas con los pensamientos intrusivos y las obsesiones. Aunque él me ayudó muchísimo con mis problemas sentimentales y con mi confianza, me decía que mis obsesiones eran ansiedad y que no debía prestarles atención. Acabé mis sesiones con él, pero las obsesiones seguían ahí, y entonces fue cuando me armé de valor y le mandé un correo a Alejandro, la mejor decisión que he tomado en mi vida.

Empecé mis sesiones de terapia con Irene, una psicóloga estupenda de su equipo a quien le debo muchísimo. Ha sido un proceso de muchos altibajos, muchos nervios y mucha ansiedad, pero ya solo por como me siento ahora, ha valido la pena. No os voy a engañar, no es fácil enfrentarte a tus miedos, y como paciente se debe poner mucha fuerza de voluntad. Volver a acercarme a la gente, abrazar a chicas, cambiarme delante de ellas, cortar con un cuchillo rodeada de gente en la cocina, estas pequeñas cosas que tanto me costaba hacer me han ayudado a volver a sentirme “normal”.

Hay días que te martirizas y te culpas por sentirte como te sientes, y lloras y lo pasas mal, pero yo utilicé esos días para exponerme a mis miedos más que nunca. Cuando tocas tan hondo llega un punto que te cansas de estar mal, y eso es lo que me ha pasado a mi y lo que he estado trabajando todo este tiempo.

Por último, decir que las caídas son comunes. Cuando algo te ha estado acompañando muchos años es difícil olvidarse de ello. Sin embargo, el equipo de Alejandro me han dado todas las herramientas para poder superar estos malos días y volver a hacer mi vida con normalidad. Este ha sido el primer verano en el que no he hecho nada, ni trabajado ni estudiado, y he disfrutado de la tranquilidad de ello, algo impensable en mi “yo” del pasado, que necesitaba estar estresada o pensando en otras cosas para no pensar en el TOC. No os desesperéis si volvéis a sentiros mal algún día, todo es parte de este largo proceso llamado la vida.

Os estoy eternamente agradecida y me despido con lágrimas de felicidad. Gracias por haberme devuelto mi vida. Mucho ánimo a tod@s, la recuperación es posible!

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